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Indagando en la Historia de Piloña y gracias a excelentes trabajos
de investigación realizados por diversos autores nos permiten conocer
datos que nos ayudan a situar el origen de las armas del escudo que preside
la fachada principal del Palacete Real perteneciente al linaje de la familia
Álvarez-Nava.
El territorio del actual concejo de Piloña fue habitado por el
hombre desde el Neolítico, así lo demuestran los estudios
realizados por E. Arnau, entre otros autores y ciertas evidencias de vida
humana halladas en la Cueva d'Aviáu en Espinaréu.
Del Paleolítico Inferior también se hallaron ciertos materiales
en parroquias como Coya y Ludeña (Camín Real del Cierru
Corralón), Peña Sorribes (Sebares) y Cueva de Sidrón
en Borines.
E. Martínez Hombre señala la existencia segura de restos
de la época neolítica procedentes del Dolmen de Coya o de
una cueva en Valle, hoy en paradero desconocido. Estudios arqueolóticos
ponen de manifiesto intensa ocupación megalítica. En la
Edad del Hierro aparecen asentamientos fortificados llamados castros "el
Picu Viyao" "el Cierrón de Castiellu" "la Coroña
Castru" etc. Se tiene también conocimiento de una joya de
oro procedentes de Moñes (Villamayor) y que es considerada como
una de las muestras de orfebrería indígena más importante
de Asturias.
En la época del reino Astur, Piloña supuso paso obligado
entre la zona central y el oriente de Asturias, ello se deduce de una
crónica rotense donde se narra el periplo de Pelayo desde Gijón
a Covadonga donde se inicia la resistencia frente a los musulmanes, la
cuna de la Reconquista.
En el altomedievo ya aparecen menciones concretas al
valle del Piloña. En el Liber Testamentorum de la Catedral de Oviedo
aparecen dos noticias, una en el año 926 en la que el Ramiro (hijo
de Alfonso III) hace donación a la Iglesia de Oviedo de ciertas
iglesias, entre ellas alguna junto al río Piloña, otra del
1090 también de donación a la Iglesia de Oviedo de otra
propiedad en el valle del Piloña.
En los siglos XIII y XIV ya existe cierta personalidad administrativa
representada por figuras como "tenente" y notario publicu en
Pilonnia.
Algunas zonas del territorio piloñés pertenecerían
a familias nobles emergentes en estos siglos.
También gracias al trabajo de investigación de Andrés
Martínez Vega, entre otros, sabemos que el valle del Piloña
además de lugar de tránsito ha sido lugar de asentamiento
de colectividades humanas, como se dijo anteriormente, desde la antigüedad.
Tanto la arqueología como la toponimia vial "El Caleyu"
"La Pontiga" "El Calzau" etc. demuestran el gran proceso
de romanización al que fueron sometidas estas tierras así
también los topónimos latinos como "Villa maiore"
Villamayor. La "villa" altomedieval alude a lugar habitado por
campesinos, por un señor con siervos o por una sola familia, todas
ellas unidades de explotación agraria con compleja estructura,
y con esa organización surgen los monasterios. De la tradición
religiosa del valle del Piloña surgen conventos como el que avoca
a Sta. María y que se localiza en la actual villa de Villamayor.
Este cenobio está regido por una comunidad femenina sometida a
la orden de S. Benito. Se hallaba situado en una encrucijada de tradicionales
y centenarios caminos colindante con lo que es hoy el Palacete Real. El
único testimonio que sobrevivió es la iglesia conventual,
de ello hacen mención respectivamente C. González Santirso
y G. M. de Jovellanos en "noticias de un peregrino de Oviedo a Covadonga"
e "Itinerario III, de Gijón a Covadonga". Se cree que
a este cenobio se llegó en el siglo XII a partir de una fundación
particular o familiar ligada a algún rico propietario o familia
ligada a la nobleza. En la segunda mitad del siglo XII ya es una comunidad
consolidada, al frente de la cual se encuentra una abadesa. Este proceso
coincide con el fortalecimiento de la nobleza inferior durante el siglo
XII al desarrollar funciones de gobierno y consecuentemente el acrecentamiento
del poder político de Álvar Díaz, miembro perteneciente
al clan nobiliario de la zona y tronco del poderoso linaje de los Álvarez
de Asturias que acumuló diplomas reales como "tenente en Extremadura",
1213 en el reinado de Alfonso IX", "tenente en Oviedo"
en 1214, y "tenente en Piloña" entre 1175 y 1190 que
refleja el documento recogido por Jovellanos en el que aparecen como confirmantes
Albaro Díaz en Piloña y Ordoño Albarez en Villamayor.
Ordoño Albarez es delegado regio en Villamayor no por designación
real sino por titulo de propiedad y también actuó como alcalde
del rey de Jaén. Se cree que la familia Álvarez fue propietaria
de la villa de Villamayor y que la evolución a cenobio con vida
monástica tuvo que ver con la iniciativa de esta familia. Se cree
que doña Aldonza Díaz, primera abadesa conocida del monasterio
piloñés tiene vínculos de parentesco con don Alvar
Díaz (de donde desciende el linaje de los Álvarez-Nava).
Las abadesas de Villamayor detentaban un poder absoluto sobre cualquier
aspecto de la abadía, todas ellas de apellido de resonancia nobiliaria
y con solar en tierras de Piloña como los Álvarez de Asturias,
ya que la entrada en la vida monacal suponía una donación
para la familia. La iglesia de Sta. María de Villamayor que se
levanta en principio como función privativa de la comunidad de
monjas, es hoy muestra del mejor arte románico assturiano de la
que el ábside y la portalada lateral contituyen el único
resto constructivo conservado del monasterio de igual nombre. En el siglo
XIV el obispo de Oviedo, Gutiérrez de Toledo disolvío el
monasterio bajo acusación de quebrantamiento de vosto de pobreza,
vestidos, desobediencia y pública exhibición de su vida
sexual, enviando a las religiosas al monasterio de San Bartolomé
de Nava y organizando luego una comunidad masculina dependiente de Valdediós.
Pero no duró mucho pues pronto volverá a haber monjas en
Villamayor. En el siglo XVI el Papa inocencio VIII autoriza a los Reyes
Católico a llevar a cabo reforma de monasterio benedictinos que
afectará a nuestro cenobio. Así finalizaría la autonomía
monástica de Villamayor que pasaría a pertenecer al monasterio
de San Pelayo en Oviedo aunque no sin cierta resistencia de las monjas
existentes al frente de las cuales estaba doña Mencía de
Mones. Sta. María aportará a S. Pelayo un gran patrimonio
y la titularidad del señorío jurisdiccional de Llames.
Volviendo a la historia del concejo piloñés y como decíamos
en el bajomedievo se disuelve el monasterio de Villamayor anexionándose
al de San Pelayo de Oviedo. También se encuentran referencias a
la devoción de la Virgen de la Cueva.
En el siglo XVII sólo subsisten ya pocos cotos
señoriales, en el XVIII el catastro del Marqués de Ensenada
y un informe de Cepeda muestran a una Piloña agrícola y
ganadera. El crecimiento demográfico y la escasez de medios económicos
empujaron a la emigración americana a Cuba, Puerto Rico, Argentina,
México, etc. Los más afortunados dejaron testimonio a su
regreso en magníficas casonas de indianos destacando las de Villamayor
y Sebares.
El Palacio de indianos de Villamayor, Palacio de los
Álvarez-Nava, descendientes de estirpe noble, es hoy el Hotel Palacete
Real.
Álvarez es patronímico que significa hijo
o descendiente de Alvar o Álvaro. La rama más antigua de
este linaje parece ser la de los Álvarez de Asturias, con casas
solariegas en el concejo de Nava (partido judicial de Infiesto) y otros.
Conforme avanzó la reconquista este apellido fue extendiéndose
profusamente por toda la península y pasado después a América.
Son muchos los Álvarez que probaron nobleza en distintas órdenes
militares y en las Reales Cancillerías de Valladolid y Granada,
en la Real Audiencia de Oviedo y en la Real Compañía de
los Guardias Marinos. Los de Asturias traen como armas jaquelado de quince
escaques, ocho gules y siete veros.
La rama más antigua de este linaje de los Álvarez
de Asturias se cree que es la de los Álvarez-Nava. Uno de los descendientes
de los Álvarez-Nava es D. Antonio Álvarez Nava, abogado,
que emigra a Cuba y Puerto Rico y es quien encarga a principios del siglo
XX la construcción del palacio colonial que nos ocupa "Palacio
de los Álvarez-Nava", hoy Hotel Palacete Real, al prestigioso
arquitecto D. Manuel del Busto.
D. Antonio Álvarez-Nava encomienda a D. Saturnino
Canteli Mayor, vecino de Cuenya, el traslado del escudo con las armas
de los Álvarez-Nava desde la casona familiar, hoy en ruinas y sita
en Casa Nueva en la parroquia de Cuenya en el concejo de Nava, al Palacio
de Villamayor que presidiría desde entonces su fachada principal.
ESCUDO
El escudo se trata de una variante de los Álvarez-Nava,
que pinta siete castillos,
dispuestos 1 - 2 - 1 - 2 - 1.
En la actualidad el Palacio forma parte del patrimonio
civil de interés cultural protegido por la Administración
del Principado de Asturias.
Alfredo y Dora, sus actuales dueños, después
de una larga y laboriosa tarea de rehabilitación de casi dos años
en la que se ha respetado por entero tanto su arquitectura original como
el diseño de sus preciosos jardines exteriores de estilo francés,
lo han convertido con mucha dedicación y mimo en un encantador
hotel de lujo, "Hotel Palacete Real".
Por todo ello, el Palacete Real es un lugar de ensueño
en el que el visitante a buen seguro se sentirá muy a gusto y disfrutará
al máximo de su estancia con nosotros.
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